UNA INVESTIDURA INTERMINABLE

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Una investidura interminable

 

Una investidura interminable

La investidura de un presidente parece una labor que a los políticos españoles no se les da bien. Volver a escribir sobre el tema puede resultar cansino, pero no deja de ser un hecho, por lo menos, curioso. Tampoco es que sea tan excepcional. Pero para los españoles, acostumbrados a un bipartidismo en que el resto de los partidos poco o nada tenían que decir, es una situación nueva. Y sus reacciones pueden ser diferentes a lo que los politólogos están prediciendo. Ahora, eso no quita que quizá estos políticos no estén actuando a la altura de las circunstancias. Veamos cómo han actuado y que puede pasar con los principales actores. Hagamos un poco de política ficción.

Los principales protagonistas

En esta historia interminable hay cuatro actores principales y unos cuantos secundarios. Los actores principales son Rajoy y el PP, Pedro Sánchez y el PSOE, Pablo Iglesias y Podemos y Rivera y Ciudadanos.

Hagamos un breve análisis del comportamiento de cada uno de ellos.

Rajoy y el PP.

Es el ganador de las dos elecciones que ha habido en este tortuoso camino. Pero curiosamente es el candidato al que no quieren los que no lo han votado, que son mayoría. Es decir, es el ganador, verdad, pero en un escenario nuevo, con cuatro partidos que tienen su peso político, en vez de los dos del bipartidismo. Y ha salido primero en las elecciones, pero ha sido rechazado en la Cámara, que es donde la Constitución dice que se debe elegir al Presidente.

Y otro hecho curioso: corren voces y rumores de que el problema es Rajoy, que si el PP presenta otro candidato podría haber humo blanco. O sea, que a Rajoy le cae la culpa de todos los males del PP: su corrupción y sus políticas antisociales. Lo de la corrupción, indudablemente no es sólo culpa de él. Pero sí es cierto que ha tratado a los españoles como si fuésemos un poco subnormales. Y quizá tenga un poco de razón, porque con todo lo que ha caído, cada vez le va mejor. Y si hay una terceras elecciones, posiblemente nos sorprendamos.

Rajoy ha defendido a Bárcenas, un gran corrupto, y cuando ya su culpabilidad era incuestionable, incluso en su mismo partido, se ha lavado las manos como Pilatos. Y ha querido engañar a los españoles, haciendo verdad eso que el vulgo dice de los políticos: que ellos dicen que “donde digo digo dije Diego”. Y  ahora, cuando tenía que presentarse a la investidura, saca de su chistera de mago de las desgracias del pueblo, el nombramiento de Soria, un ex ministro que como él,  miente sin sonrojarse. Suerte que el tal Soria ha tenido un gesto, que no sabría cómo calificarlo, y ha renunciado a ese nombramiento.

La cuestión es que Rajoy no puede decirse que está sólo dentro del PP. Hay mucha gente que, aunque no tengan las manos manchadas, han preferido mirar para otro lado para seguir disfrutando de sus privilegios bajo el paraguas del presidente en funciones.

Y ahora lo más preocupante en esta historia. Este señor, que tendrá sus cosas buenas, seguramente, ha conseguido con la ayuda de ciertas mentes pensantes del PP sembrar el miedo en las mentes de millones de españoles. Que  no votarán por él, sino contra la posibilidad de que pueda gobernar esa nueva izquierda que aparece en el horizonte. Gente que cree que perderá sus pensiones, su trabajo, y un largo etcétera si llega al gobierno esa nueva izquierda. Y se olvida que el gran desarrollo de España, y el ascenso de la clase media en España se produjo en el gobierno de un partido de izquierda, en los gobiernos de Felipe González y el PSOE. Pero hay mucha gente que no tiene memoria.

Pedro Sánchez y el PSOE.-

La izquierda tradicional. El partido de Felipe González. Un partido con historia y al cual los españoles le deben mucho. Pero, gracias a algunos errores en el gobierno de Zapatero, y una hábil gestión propagandística de la oposición, con un Montoro como figura estelar , se cargaron a Zapatero y al PSOE  muchas culpas que no le pertenecían. Sí que hubo errores, pero en parte esos errores fueron ampliados por los desastres de gestión que ya se estaban cometiendo en Ayuntamientos y Autonomías gobernadas por el PP. Pero no supieron defenderse y comenzó la senda del declive. Y a todo esto le debemos agregar dos aspectos que le están carcomiendo como un cáncer: las luchas de poder internos, con una Susana Díaz, que quizá esté haciendo más daño que bien al PSOE y una indefinición asombrosa en temas claves por el efecto de las viejas glorias.

Las líneas rojas

Y me voy a explicar. En este momento, Pedro Sánchez podría ser investido presidente, si sus dirigentes pensaran con inteligencia y no con pasión. Me refiero a la famosa línea roja de la unidad de España. Aquí hay dos cuestiones contrapuestas: una el derecho de los pueblos a decidir, dentro de unas normas claramente establecidas y aceptadas por todos. Un tema político que debe ser tratado como tal. Y la otra cuestión, la postura del PSOE en estos temas. El PSOE históricamente no está por el derecho a decidir y ha estado en contra de todos los movimientos que luchan por el reconocimiento de  su condición de pueblo.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que  ese reconocimiento de que existen en España pueblos con una cultura y una historia diferente no implica independencia. La Constitución en su momento reconoció su existencia, pero se sacó de la chistera que son “nacionalidades“, no naciones. Y no hay que olvidar que el PSOE y el PP han gobernado en algunos momentos de la historia de España con el apoyo de los partidos nacionalistas. Es verdad, que estos partidos han girado hacia el independentismo, porque el actual gobierno de Rajoy ha sido una verdadera fábrica de independentistas.

Ahora se necesita por un lado voluntad política de enfrentarse a una situación difícil y por otra, a tener la valentía necesaria que esos actos conllevan. Pero ni una cosa ni la otra parecen formar parte del actual PSOE, y  están dejando todo el peso en  Pedro Sánchez, digamos de forma grotesca, para que se pudra en este lodazal. Así que, probablemente, se pase el tiempo en reuniones hechas más para la galería que para llegar realmente a un acuerdo.

Pablo Iglesias y Unidos Podemos.-

Son esa nueva izquierda que la propaganda del PP y también de sectores del PSOE han convertido en la izquierda del terror. Una nueva izquierda que según como se mire, piden menos que el PSOE de los primeros años de la transición. Una nueva izquierda que se va transformado a pasos agigantados en una copia de los partidos de izquierda tradicionales. Porque el crecimiento demasiado rápido les está creando problemas. Gente ambiciosa de poder se les ha colado por la puerta. Sin embargo, siguen siendo una opción interesante que puede ayudar a cambiar este país. Cada tanto, en cualquier país del mundo, surge la necesidad de hacer cambios. El problema es saber hacer esos cambios.

El otro problema es llegar al gobierno sólo, con mayoría absoluta. Porque las mayorías absolutas son posiblemente el mayor cáncer que le puede pasar a cualquier país. Por eso es que el papel de Unidos Podemos es muy importante. Porque no es un único partido sino una confluencia de partidos. Y aquí la figura de Pablo Iglesias juega un papel aglutinador. Ahora bien, en este momento preciso, Unidos Podemos puede llevar a Pedro Sánchez a la posibilidad de que sea investido presidente.

Lo más probable es que aparte de muchas declaraciones de intenciones, lo más seguro es que ninguno de los dos, Sánchez e Iglesias, se muevan ni un ápice de esas líneas rojas que sus formaciones han establecido. Líneas rojas que incluso pueden llegar a negarse, pero que estarán omnipresentes en todas las reuniones que puedan tener. Y así, parecerá que algo puede cambiar, pero en realidad todo seguirá posiblemente igual.

Rivera y Ciudadanos.

Rivera es el gran conciliador. Busca acuerdos con todos. Con Dios y con el Diablo. Lo cual, según como se mire no es una mala cosa. Pero, él también tiene sus líneas rojas, así que lo más probable es que en esta ocasión, no facilite para nada la investidura de Sánchez. Es curioso como hace unos meses atrás, Rivera e Iglesias veían lo que los unía. Pero, en un momento dado, las cosas cambiaron, y a partir de ese momento lo único que ven son las cosas que los separan.

Es cierto que  hay temas importantes  en las cuales sus posturas son muy divergentes, pero también hay que reconocer que hay aspectos en los cuales pueden estar de acuerdo. Así que posiblemente, en esta ocasión Rivera deje de ser el gran conciliador. Naturalmente, luchará a brazo partido por una nueva opción de investidura por parte de Rajoy. Y no es porque Rajoy sea santo de su agrado, sino porque es muy posible que unas terceras elecciones pueden llevar a su partido y a su persona muy cerca del desastre.

Conclusión

Por lo que resumiendo, puede que estemos cerca del ocaso de unos líderes políticos.  En esta lucha fratricida pueden terminar viendo que muy pronto dejan de formar parte del presente para ser parte del pasado. Y posiblemente lleguemos a unas terceras elecciones en las cuales el candidato del PP esté aún más cerca de la mayoría absoluta. En ese caso,  con el apoyo de un Ciudadanos marginal podría  ser investido.

Y los partidos de izquierda no entonarán el mea culpa, sino que nos venderán la idea de que eso es lo mejor, porque un nuevo gobierno del PP ya no podrá pasar el rodillo parlamentario y el pueblo terminará por darse cuenta que se ha equivocado. Entonces, en las elecciones para la próxima legislatura ganarán. Todo eso es posible, pero también puede que se equivoquen. Hay que tener en cuenta que la gente vota por sus intereses personales, y las desgracias ajenas a pocos les importan, mientras no entran en tu casa. Y a los que les va muy mal se seguirán yendo. Y seremos un país de emigrantes, no de inmigrantes.

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