Las actitudes del ser humano ante los problemas del mundo

actitudes del ser humano

En este momento, cuando el 2016 está por abandonarnos, me surgió la idea de escribir sobre los acontecimientos más importantes que habían sucedido en este año. El tema indudablemente da para mucho, pues entre guerras, conflictos, atentados y cambios de gobierno, el panorama se muestra sombrío.  Sin embargo, sobre esto ya están apareciendo numerosos artículos, unos muy buenos y otros mediocres. Como es natural. Así que he pensado que poco o nada podría contribuir en este aspecto. Así que he bajado a nivel de las personas. De las personas de la calle, como yo mismo. Y he decidido escribir sobre las actitudes que tenemos ante los problemas y algunos temas que afectan a la convivencia. Porque mucho hablamos de los políticos, a quienes criticamos con justa razón.

Pero parece que no caemos en la cuenta que esos políticos son el fruto de lo que somos nosotros mismos. Son un poco el espejo de nuestras actitudes, frente a los problemas y lo que pasa cada día. No es una casualidad que Trump haya ganado en USA, ni que los populismos de extrema derecha crezcan peligrosamente. Son el reflejo de nuestros egoísmos, nuestros deseos de ser como esos a quienes criticamos en público pero que nos gustaría imitar en privado. Pensemos en lo que pensaban los italianos de Berlusconi

Empecemos a deshojar la margarita de nuestras actitudes. Comencemos por establecer los parámetros que vamos a utilizar para ver cuánto nos parecemos a esos políticos que tanto criticamos. Que hacemos realidad ese antiguo dicho de que vemos la paja en el ojo ajeno pero que no somos capaces de ver la enorme viga que tenemos en el nuestro. Cuán sabio era el pueblo llano antes. Porque el de hoy no lo parece tanto.

Los políticos son el reflejo de nosotros mismos.

Parámetros a tener en cuenta:

Los parámetros que voy a tener en cuenta son los siguientes:

Los grandes problemas del mundo.-

Los grandes problemas mundiales, como pueden ser las guerras, los riesgos de atentados, el cada vez mayor número de refugiados buscando un lugar donde vivir en este vergonzoso mundo, etc

Los temas económicos

Los temas económicos. Según el lugar que ocupas dentro de una economía, puede que seas un trabajador, y entonces el problema es el paro, o seas un empresario, en cuyo caso el problema que va a quitarte el sueño pueden ser los beneficios

Los beneficios sociales

Los beneficios sociales. Es decir todo aquello que nos ha llevado a una desigual economía del bienestar a nivel mundial. En este aspecto probablemente los temas estrellas sean la sanidad y la educación. Y he dicho desigual, porque ha habido pueblos que después de la segunda guerra mundial han llegado a grandes avances sociales en sanidad y educación. Pero a este barco nunca se subió la primera potencia mundial, Estados Unidos.

La corrupción

La corrupción. Tan de moda en España y en el mundo entero. Es difícil encontrar un país donde la corrupción no se mueva a sus anchas. Pero la corrupción no es sólo de los políticos, es de los empresarios que pagan comisiones y financian campañas para conseguir contratos y es también de todos nosotros, que si podemos no pagamos el IVA y que no le hacemos asco a comprar cosas robadas, por ejemplo.

Las ambiciones desmedidas

Las ambiciones desmedidas. La sociedad en que vivimos premia a las personas de éxito. Desde USA se exportó el famoso “sueño americano”, ese de ganar el “primer millón de dólares”. Nos han vendido la idea de que quien más tiene es mejor. Y lo triste es que a veces eso es al revés. Hay quienes han hecho fortuna honestamente y que no explotan a sus trabajadores. Pero los legisladores, ayudados por los tentáculos de la corrupción, crean leyes que cada vez facilitan más a que los ambiciosos sin escrúpulos puedan llegar muy alto. Y les crean los paraísos fiscales

El egoísmo

El egoísmo.- Y el ser humano se va volviendo cada vez más egoísta. Cada vez solo ve aquello que le beneficia a él. Y las sociedades mientras más ricas  más egoístas son. Los pueblos pobres comparten lo poco que tienen. Los pueblos ricos no comparten nada, si es posible.

La vida cotidiana

La vida cotidiana. Este es el último parámetro que tendré en cuenta. Y aquí me voy a meter en las casas de cada uno de nosotros. Voy a mirar las relaciones sociales en su interior: las relaciones entre padres e hijos, entre marido y mujer, entre vecinos. Y creo que el resultado no es muy alentador. Cada vez parece que las relaciones entre padres e hijos son peores. Los padres le hacen la vida demasiado fácil a los hijos cuando son pequeños y cuando van creciendo no son capaces de dejarles libre para que aprendan la parte dura de la vida. Y los hijos crecen convencidos que la vida es una camino de rosas y no pueden entender los problemas con que se encuentran: paro, insolidaridad, etc. Y una sociedad que se enorgullece de ser muy libre, crea hombres y mujeres solitarios que encuentran en el trabajo y en los vicios el escape a su mundo libre pero vacío.

Detrás de todo esto, va creciendo la insolidaridad de nuestra vida cotidiana. Insolidaridad en todos los aspectos, por ejemplo, en algo tan simple como el dar el asiento en el metro a un anciano o a una mujer embarazada. En Barcelona tenemos asientos especiales en el metro y en los autobuses. Pero muy rara vez he visto a una persona joven sentada en estos asientos que se lo de a aquellos para los que fueron creados. He visto personas con muletas permanecer de pie, mientras otras personas ocupan estos asientos disimulando con sus móviles. Es una tontería pero es un reflejo de la sociedad que estamos creando

Cómo nuestra condición humana condiciona nuestras actitudes. Algunos ejemplos

El tema de los refugiados

En efecto, ante los grandes problemas mundiales, los temas económicos y los beneficios sociales, nuestra actitud está condicionada por nuestra condición humana. La actitud que tenemos es muy diferente si algo nos afecta directamente o si “puede” que nos afecte indirectamente. Y aquí es donde el conjunto de esas “cualidades” del ser humano, el egoísmo, la insolidaridad, las ambiciones personales, condicionan nuestras actitudes. Como cada día somos más insolidarios y egoístas, no queremos que los refugiados vengan a “romper nuestro modo de vida”. No decimos “que se mueran”, pero actuamos como si lo dijéramos. No queremos que vengan, que es lo mismo que cerrar los ojos a que se mueran como perros en cualquier lugar del mundo.

Y si empiezan a llegar entonces reaccionamos como “animales”, en el peor sentido del término. Entonces quemamos sus albergues y los hacinamos en centros de acogida que son peores que la peor de las cárceles. Y los partidos de extrema derecha se nutren de esa condición humana. Alimenta nuestros odios y engorda a la bestia que llevamos dentro.

Y si no nos afecta directamente, igual los alimentadores de odio hacen su agosto. Igual tememos que alteren nuestras vidas. Y entonces no queremos que vengan personas de otras razas, porque pueden ser “terroristas”. Y si no lo son, no importa. Pero que no vengan. Y si ya están aquí les miramos con desconfianza. Cada día somos menos diferentes a esos “racistas” que criticamos. Empezamos a vivir una vida de hipocresía que se va asentando en nuestros hogares y en nuestras mentes.

El aspecto económico

En lo económico, si tenemos trabajo actuamos como si siempre lo fuéramos a tener. No nos preocupa que se dicten leyes que perjudican a los derechos laborales. Pensamos que si hay leyes que favorecen a los empresarios, eso puede ser que les haga crear más puestos de trabajo. Que son unos sueldos miserables, no importa. Mientras, no me toque a mí. Y claro, a mí no me va a pasar eso.

Vivimos dentro de nuestra propia burbuja. Vemos lo que queremos ver. Por ejemplo, somos sensibles a los riesgos de un atentado y desconfiamos de los que tienen un color diferente. Pero no vemos a las personas que sufren las consecuencias de la crisis económica en que estamos sumergidos. Vemos a los mendigos sin verlos. Pero no pensamos o no queremos pensar que en el interior de muchas casas puede haber gente que sufre depresiones por no tener trabajo. Personas que no tienen dinero para pagar la luz y los servicios básicos. Nuestra sociedad en decadencia tiene margen para simular que no está enferma: no se ven demasiados mendigos, los bares y restaurantes están llenos, las tiendas también lo están.

Pero, como ya hace tiempo decía un economista catalán, o se está dentro del sistema o se está fuera. Los que están fuera no importan. Para las empresas los que deben interesar son los que tienen capacidad de compra. Y esa es la postura egoísta que está triunfando. Es la que ha llevado al poder a Donald Trump. Es la que hace que gane el PP. Y que quede claro, el PP no representa la derecha política, sino a una derecha que es la herencia y continuidad de un franquismo y de una posición ante la vida de desprecio a muchos valores humanos.

¿Debemos entonces ser pesimistas?

No, por ningún motivo. Por dos grandes razones. La primera, que no todas las personas son como las que he dibujado en los párrafos anteriores. Esas son las que están manchando el buen nombre de la humanidad. Y no son en ningún caso, la mayoría. Puede que haya quienes se dejen arrastrar por los cantos de esas sirenas. Pero en verdad, hay una gran mayoría de gente que es solidaria, que no es egoísta. Lo que pasa es que son noticia las malas actuaciones, pero muy rara vez los actos de solidaridad y de entrega.

La segunda, es que la humanidad a través de la historia ha pasado por grandes crisis y siempre ha salido adelante. Los historiadores dicen que la historia es cíclica y tienen razón. Puede que estemos en un momento oscuro de la humanidad, pero siempre hay agujeros en el cielo que dejan pasar la luz. Y esa luz es la esperanza de que las cosas, más tarde o más temprano van a cambiar.

Y como he mencionado al terrorismo, tengo la obligación de manifestar mi esperanza de que más pronto que tarde desaparecerá. No tanto por nosotros, que lo sufrimos infinitamente menos que los pueblos árabes. Es por esos pueblos, por esos millones de personas que sufren cada día los riesgos de morir, de ser torturados o de tener que huir de sus casas para entrar en otro mundo un poco menos cruel, pero que no los quiere y los desprecia.

¿Y qué pedir entonces para el 2017?

Y entonces, ¿qué pedir para el 2017?. Simplemente una cosa. Sólo una cosa: que seamos un poquito menos insolidarios, un poquito menos egoístas, y que dejemos de pensar que lo único importante en este mundo es acumular riquezas. La vida tiene demasiadas cosas bellas que los obsesionados por el triunfo no pueden ver. Sus ojos están cerrados a la naturaleza, a las bellezas que cada día se nos cruzan por delante. Pero la sociedad nos ha cegado y sólo vemos el dinero que tenemos en nuestra cartera y en nuestra cuenta corriente. Y vamos perdiendo a los verdaderos amigos y a la familia. Y eso nos puede llevar a  morir en la soledad de nuestras vidas vacías.

Otros artículos relacionados

2017: un año en que la esperanza es más necesaria que nunca

***********************

Si has llegado hasta este punto te agradecería que valoraras este post. Si lo haces desde un móvil pincha en la estrella dentro de un círculo. Te aparecerán varias opciones. También te agradecería cualquier comentario. Me ayudará a mejorar este blog. Gracias desde ya

Y si te ha gustado este artículo, te agradecería que lo compartieses. Las visitas a este blog son el alimento y la energía que  da las fuerzas necesarias para continuar.

(Visited 1.192 times, 25 visits today)
 

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *