LOS POLITICOS VOCACIONALES, UNA ESPECIE EN EXTINCION

 

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LOS POLITICOS VOCACIONALES, UNA ESPECIE EN EXTINCION

Cuando hablamos de corrupción se nos vienen de inmediato a la mente el nombre de muchos políticos. Y si alguien quiere información sobre la corrupción en política con nombres propios, son muchas las páginas en internet con información sobre  ese tema. Incluyo aquí un artículo con nombres propios basado en un informe de Transparencia Internacional.

Pero mi intención no es hablar de temas concretos de corrupción ni de políticos específicos. Mi intención es escribir sobre las actitudes de los políticos en general. Unas actitudes que conllevan peligrosamente el riesgo de la corrupción. Unas actitudes que, por decirlo de alguna forma, son la antesala de esa corrupción.

Este artículo es, en cierta forma, la continuación del que escribí sobre ética y corrupción en la política. Ese fue un artículo global. Ahora bajo un peldaño, para intentar entrar en las personas que se meten en política. Los dos artículos están muy relacionados y son complementarios.

Es cierto que no todos los políticos son corruptos. Afirmar eso sería un gran error, porque hay también mucha gente que se dedica a la política y que es honesta. Pero, desgraciadamente, lo que es noticia son los actos corruptos. Pero, también, hay que reconocer que la corrupción es un valor en alza.

Intentemos analizar esta situación desde el principio. Y ese principio está en el porqué y para qué hay gente que se mete en política. Luego, ya dentro de ese mundo, las tentaciones y los riesgos de caer en la corrupción. Y todo esto, bañado de la falta de requisitos específicos para dedicarse a la política y de las redes de amiguismo que forman las telarañas de la política.

Si miramos un poco hacia atrás, veremos que este no es un mal de hoy, sino de siempre. De la condición humana. Pero eso sí parece que cada vez son menos los políticos de vocación.  Las características de este siglo XXI están influyendo en esas actitudes. En la forma de ser de los políticos. Y en la ausencia actual de líderes verdaderos.  Estamos, posiblemente en un momento en que predominan los líderes con pies de barro. Y en ese mar oscuro aparecen, afortunadamente, algunos líderes que hacen soñar que aún quedan personas con vocación de servir. Es el caso de Mujica, en Uruguay. Se puede disentir de sus ideas, pero su condición humana no se puede negar.

Empecemos a desbrozar esta maleza.

Por qué hay gente que se dedica a la política. Y para qué.

Simplificando podemos distinguir dos grandes grupos:

  • Los que se dedican a ella por vocación, porque tienen ideales y quieren contribuir a lo que ellos creen que es mejor. Aquí podemos incluir a los que tienen la ambición de servir a la comunidad.
  • Y los que lo hacen por interés. En este grupo están los que lo hacen por ambición. Ambición de poder y /o ambición de ganar dinero. Porque la política conlleva contactos poderosos y esos contactos pueden proporcionar grandes negocios. También en este grupo están los que entran en la política para defender sus intereses. Sus intereses presentes pero también sus intereses futuros. Los intereses que esperan tener que defender en ese futuro.

 

En general, es lo que pasa en cualquier profesión. Pero igual que en las profesiones, los que estudian una profesión por prestigio y/o por ganar dinero probablemente serán menos eficientes y éticamente peores que los que lo hacen por vocación. Pongamos el ejemplo de los médicos. Si partimos del juramente de Hipócrates, los médicos debieran de dedicarse a sanar las enfermedades, por encima de sus propios intereses. Pero, en este siglo XXI estamos viendo que ese juramento se está convirtiendo en papel mojado. Después de años de lucha por llevar la sanidad a toda la población, con independencia de raza, sexo y poder económico, ahora se está convirtiendo en un gran negocio. Donde el que no tiene los medios suficientes no tiene derecho a los avances de la medicina. Y se puede morir, digamos “dulcemente”, como un perro.

Los riesgos de caer en la corrupción

Estos riesgos son muchos. Intentaré hacer una lista de aquellas situaciones que ponen a los políticos delante de la puerta de entrada a la corrupción:

  • El riesgo de actuar como si fuera una profesión, y por lo tanto cambiar de partido como se cambia de empresa. Si estamos en política para tener más poder y más opciones de ganar dinero, no tendremos problema en cambiar de partido. Y el día que traspasamos esta puerta, las tentaciones de la corrupción entrarán a raudales en nuestra vida.
  • El riesgo de volverse manipulador. El ganar puede convertirse en el objetivo fundamental. No importa si tenemos razón o no. Lo importante es ganar. Y como decía Maquiavelo, “el fin justifica los medios”. Por lo tanto manipular, incluso mentir, se vuelve lícito. Y naturalmente, hablar de ética, pasa a ser una bobada.
  • El riesgo de dar prioridad a conseguir votos por encima de los objetivos. Los políticos, cuando llegan a un cargo político por elecciones, es cuando están más sujetos a una metamorfosis. Es muy posible que empiecen a cambiar. A cambiar para conseguir votos. Y en ese momento los ideales y los objetivos que se tenían empiezan a desvanecerse ante la necesidad de obtener votos. Y se alza como un gigante salvador el marketing político, que aconsejará qué prometer, qué hacer, qué decir. Hasta cómo vestirse.
  • El riesgo de rodearse de amigos y conocidos, por encima de la búsqueda de los “mejores” o más adecuados. Está claro que es mejor tener a tu lado a un amigo fiel. Y si no sabe mucho mejor. Porque está claro que si te ponen a tu lado a alguien que es mejor que tú, en términos de conocimientos, este puede criticarte o descubrir tus fallos. Y eso no interesa. Y se produce una escalada de contrataciones basadas en el amiguismo y también en la mediocridad. Un gran y peligroso riesgo.

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A qué nos conduce todo esto.

Cuando ya estamos metidos dentro, y si tenemos un cargo, mucho peor, la metamorfosis del político se agudiza. Y aparecen una serie de rasgos:

  • Las cuestiones éticas empiezan a ser molestas. Y por lo tanto, ya no interesa rodearse de personas con comportamientos demasiado éticos. Es cuando la ética empieza a ser un grano en el zapato. Es entonces cuando los políticos se acuerdan de su gran aliado: las leyes. Y repiten una y otra vez: hay que defender el estado de derecho. Ese estado de derecho no debe ser cuestionado. Porque las leyes que lo forman han sido creadas por otros políticos como él que ya han sufrido la metamorfosis. Y han creado leyes adecuadas a sus necesidades.
  • Aparece el miedo a la transparencia. Naturalmente que eso no se debe notar. Y por eso algunos políticos llegan a erigirse en los adalides de la transparencia. Y lo hacen con un cinismo asombroso. Crean leyes casi vacías de contenido. Y además, le asignan unos recursos ridículos. Y dicen: ¡Somos nosotros quienes hemos  aprobado unas leyes de transparencia!.
  • A fijarse grandes sueldos y emolumentos. Ellos mismos se fijan estos sueldos. Y cuando hay que subirlos, todos, derecha e izquierda, suelen estar de acuerdo. Hay excepciones, pero son escasas. Y lo peor se dado en países en situaciones de crisis. En esos casos mayoritariamente la carga de la crisis cae en los trabajadores.  Y  el poder adquisitivo baja. Pero cuando a los cargos políticos les toca dar ejemplo, miran para otro lado. Se niegan a bajarse los sueldos. Incluso, con total descaro, algunos llegan a subírselo. Es que en algunos seres humanos la vena de disfrutar de los beneficios de un buen sueldo es más gruesa que la “venita” de la solidaridad. Y naturalmente se niegan a que les quiten un ápice de sus, muchas veces, más que generosos sueldos
  • Negarse a renunciar si son imputados. Hay en muchos países una tendencia a arropar a los imputados o investigados por casos de corrupción. Se me ocurre pensar que muchas veces esa defensa puede estar motivada por el riesgo de que esos imputados abran la boca. Porque así ha sido muchas veces en muchos países. Esa defensa tiene sentido sólo si han sido transparentes y pueden demostrar fehacientemente que son honestos. Es verdad que también muchas veces son maniobras políticas para apartar a aquellos que resultan molestos. Es un tema complejo. Pero en todo caso, se debiera poner la ética por delante. Y en función de ella el político imputado debiera renunciar. Y los partidos deben ser los primeros en exigir una postura ética y honesta

Los sistemas de fiscalización interna de los partidos

Como resultado del porqué llegan algunas personas al mundo de la política, más su metamorfosis posterior, da como resultados unos sistemas de fiscalización interna muy light. No les interesa que se les controle demasiado.

Los nuevos movimientos deberían nacer con sistemas de fiscalización y control interno muy estrictos. Pero que no sean papel mojado. Porque también pasa que se establecen códigos éticos y otros pseudo controles, que a la hora de la realidad quedan en manos de los que dirigen los partidos. Y por lo tanto, los máximos dirigentes terminan siendo intocables.

En mi opinión hay algunos puntos muy simples que cualquier partido debiera controlar férreamente para evitar las desviaciones éticas y morales. He aquí algunos de estos puntos:

  • No deben permitir la corrupción. Ante cualquier indicio los sospechosos de actos ilícitos deben ser apartados de sus cargos. Debieran ser los propios partidos los que exijan una actuación que no falte a la ética. Y digo a la ética y no a las leyes. Pensemos en las empresas. Allí existe una cosa que se llama el “control interno”. Y me pregunto, ¿porqué no se establecen normas de control interno semejantes en los partidos políticos?. La respuesta puede que salte sola: esas normas pueden ser un obstáculo para sus ansias de poder.
  • No deben permitir los actos deshonestos y poco éticos. Muy ligado con el punto anterior. El factor ético debiera predominar sobre las leyes escritas.
  • No deben haber más de dos mandatos, a ningún nivel. La excusa de que no se pueden continuar los proyectos es falsa y sólo esconde las ganas de perpetuarse en el poder. Hay demasiados ejemplos de corrupción por estar demasiado tiempo en el poder. Es bueno que las personas que mandan sean renovadas. Así, están obligadas a generar equipos de gobierno que no dependan de unas pocas personas. Y el cambiar el GOBIERNO ( a cualquier nivel) se debe presentar al PUEBLO en informes TRANSPARENTES. Y estos informes deben incluir lo que se ha hecho, los sueldos recibidos, el patrimonio de los políticos que han gobernado, los proyectos aprobados, los concursos y forma de seleccionarlos, etc.
  • Los cargos públicos deben ser sometidos a valoración por los militantes. Igual como se hace en la empresa privada.

Nota: todos estos puntos se deben desarrollar con mucho cuidado. Se debe evitar caer en el otro extremo. Caer en el fundamentalismo político. Y utilizar los mecanismos de ese control interno para perseguir y eliminar a los que piensan distinto de los que tienen el poder.

Unas reflexiones finales

  • Los políticos deben estar al servicio del pueblo, de la comunidad. Tener ambiciones es legítimo, pero sin perder de vista a la comunidad a la que deben servir. Y para eso deben haber unos sistemas de control y de valoración que les vuelva a la realidad o los aparte de la política
  • El PSOE, en el caso de España, ha hecho cosas positivas, y eso no se puede negar. Pero que también se han dormido en los laureles es una realidad. Y el problema es que tienen una enorme loza de anquilosamiento que les impide regenerarse. Los intentos que hacen de volver a sus raíces, a ser un partido del y para el pueblo, se quedan en agua de borrajas. Es el fruto de la metamorfosis que se ha mencionado antes. Una metamorfosis muy generalizada en Europa, y que está llevando a la socialdemocracia a un abismo y a un enorme divorcio entre los que mandan y las bases de esos partidos.
  • Las grandes figuras que tienen los partidos, deben saber retirarse cuando ya no dan la talla. Por la razón que fuera.
  • La formación (no necesariamente estudios universitarios). Lo importante es el conocimiento real que tiene. Un título universitario no es garantía de conocimiento en los temas sociales. Ahora bien, en los cargos técnicos sí que es indispensable

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4 Responses

  1. Lisbeth dice:

    Excelente descripción de los políticos de este nuevo siglo, para tristeza de nosotros es una cruda realidad y una tendencia generalizada

     
    • Eduardo Escárate Ferrada dice:

      Gracias!!!! La ausencia de líderes y pensadores válidos se nota en la deriva que lleva el mundo en este momento. Es, como dices, una triste realidad

       
  2. Cecilia dice:

    Excelente descripción de los políticos!!! Es una Lástima que sea verdad…

     
    • Eduardo Escárate Ferrada dice:

      Gracias Cecilia!!!! En realidad, es una verdadera lástima la situación de la política y los políticos en este momento. Sin embargo, aún quedan algunos pocos que hacen que la esperanza no se pierda. Lo que pasa es que los que figuran son los que por ambiciones personales llegan a lo más alto. Hay excepciones, pero pocas.

       

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